Fin

Asi se siente la muerte. Estar tirada en una cama sin poder moverte, con los ojos ardiendo y adoloridos de tanto llorar, vacía por dentro y agradeciendo el haber agotado el cerebro lo suficiente como para no seguir dandole vueltas al asunto. Es tiempo de morir para poder resucitar. Y sacar todo el veneno de mi cuerpo y mi mente. He tardado demasiado en perder toda esperanza en él, en que había visto bien lo que era. No, todo lo contrario. Cometí el peor error de mi vida. Hay personas que no puedes entender, y que no puedes ayudar, y que lo único que dejan en tu vida es dolor. Pero una se guarda los comentarios hirientes aún ante las provocaciones, porque al fin entiende que no hay forma de hacerlo despertar a la realidad. No puede despertar porque él ya es asi, y sus momentos de bondad no fueron más que ilusiones pasajeras.

En lo único que tiene razón es en que es mi culpa, pero por permitir que entre en mi vida. Asi es como el lobo se comió a caperucita roja. Fin.

Te arruino la vida

Si pudieras arrancarme el corazón con tus garras para hacer más placentera la agonía te lo agradecería. Es insoportable el peso de un rostro que amas mirándote con odio. Es letal el darte cuenta de que el 99% de los dias eres prescindible. Que si no eres una muñeca que cumple todos los deseos, eres la peor basura del mundo y solo le arruinas la vida. Te arruino la vida. Y a cada segundo que pasa esa frase da vueltas en mi mente destrozando todo. Mi alegría, mis sueños, mi paz…  Puedo dejar todo de lado y seguiria siendo insuficiente. Y mi razón grita que soy preciosa y no es cierto, y me muestra la bestia que eres en realidad. Pero mi corazón no escucha y se retuerce de dolor, prefiere dejar de existir a continuar sintiendo esa mirada de desprecio, esas palabras hirientes, ese desinterés permanente. Estoy atrapada en un laberinto sin salida, en el que mi muerte me espera, ya sea por tus garras o por mi intento de escapar de ellas.

No sabía lo que era el amor hasta conocerte, y ahora temo que nunca pueda olvidarlo, a menos que el viento borre todo rastro de mi.

Malas Noches

Qué es la muerte? Es lo que soy. Es sentir cada cuchillo clavado en el pecho, sentir las cadenas que te atan al suelo congelado de un desierto invernal. Es un río que te atrapa en su corriente y te asfixia, sin escapatoria. Es una nube densa y ácida que te obliga a cerrar los ojos y ocultarte en tu propia oscuridad, y dormir entre tus demonios cada noche que pasas en vela llorando en tu cama. Y yo he dibujado esta hermosa pesadilla solita. Y en el centro de todo está él, el incapaz de amar. El lobo feroz cuyas garras tapan mi boca para que no me salgan más palabras sobre él. La bestia que algún día quiso ayudarme, pero ahora he de ayudarme a mi misma y hacerlo todo sola. Esa persona que dijo amarme y cuando en medio de la desesperación suplico por ayuda, me abandona. Y me hace un lado diciendo que demuestre que soy fuerte, que él ya no sabe que solución tengo. Y es verdad, estoy perdida, estoy peor que nunca. Y lo sigo poniendo primero a él, a las cosas que él quiere hacer por estar a su lado, a sus amigos, a sus caprichos. Para que? Para que me esfuerzo en demostrarle mi amor? He estado tan ciega que no he llegado a ver que no me ama. Que se ha cansado de mi y lo único que va a hacer es hundirme. Y yo aqui sigo llorando como una estúpida por él, prefiriendo la muerte a dejarlo ir. He dicho nunca más tantas veces… Ojalá tuviera la valentía de clavarme un último cuchillo y terminar con esta agonía. Ese día cada vez está más cerca y asusta. Asusta saber que ésta quizás sea mi despedida.

Mi laberinto

Recorro este camino mirando las estrellas. Pues a mis lados eres tú lo que me rodea. Paso a paso hacia adelante voy esperanzanda, sin embargo estoy perdida en el laberinto que creaste para mi. Da igual cuanto corra, todo sigues siendo tú. Quieres que haga en ti mi hogar, pero me destrozas con tus trampas ocultas y todos los demonios que habitan aqui. No puedo quedarme, y tampoco puedo escapar. Ya ni recuerdo donde está el centro del laberinto, donde se halla el premio: mi corazón. Ese que te di al ver que tu no tenías uno. ¿He de ocultarme y aguardar que me rescaten? Valientes lo intentaron y los destruiste. Soy tu juguete y sólo tuyo. O eso pretendes. Pero me están creciendo alas, y tarde o temprano, volaré. Y tarde o temprano te olvidaré.

No más rosas

Quizás si soy un monstruo. Tan monstruoso que ni siquiera puedo verlo.

O quizás era muy niña para saber el juego en el que me metía. Traté de fingir que no era importante para mi, que no tenia que ser especial, traicionando todo lo que había sido hasta el momento. Y no pude sobrellevarlo. Dos semanas en el paraíso y seis meses en el infierno. Todo por tratar de ser lo que no soy.

Uno toma lo aprendido y decide mejorar, pero nunca es suficiente. Estando ahogada hasta el cuello en un sentimiento demasiado pesado no puedo evitar caer en los abismos, y por primera vez confesar a mi creadora que habia fallado y estaba perdida. Todo para que me diga que soy estúpida, como para todos. Tampoco ayuda mucho el alejar por ese motivo a la persona más cercana a mi corazón, mi hermanita del alma.

Pero el lobo se aleja y me salva, dándome esa paz que aunque no quisiera, necesitaba. Y de a poco entiendo que entre tantas lágrimas no era yo, y debía volver a encontrarme. Y hallar eso que me hacia bien. Sobre todo, entender que no se le puede dar todo a alguien que no esta dispuesto a hacer lo mismo, por mucho amor que pueda sentir.

Desde el principio siempre fue una apuesta, un salto a lo desconocido para aprender y sentirme viva. Siempre estuvo la posibilidad de que saliera mal. Pero en algún momento, se me olvidó, y me ilusione demasiado. Tras el regreso del lobo un par de meses tarde, no hizo falta mucho para que volviera a ese lugar en mi corazón. Sólo una pizca de sinceridad y otra de cariño que no había recibido de él desde el principio. Y tuve la sensación de que podría haberme equivocado con él.

Pero, ¿qué hacer? ¿Seguir al corazón o a la cabeza? Resistir las ganas de cumplir sus caprichos para no romperme. Aunque al final si que lo consiguió, y aún no cosí esa herida dejada por mis principios al hacerse añicos. Porque nunca funcionó igual que yo ni pudo entenderme, como yo tampoco a él. Pero pese a que me puedo equivocar en mil cosas, tengo a fuego grabadas sus palabras al decir que no quería nada serio. Que pena, porque yo no funciono de otra manera. No con unas reglas sin definir y que cambian a conveniencia.

Cuando tenía 9 mi madre dejó al amor de su vida y se lanzó a una odisea con dos críos a la espalda porque no era feliz. Y creo que fue el mejor ejemplo que me podría haber dado. Porque ahora, sin importar cuanto ame a alguien, nunca lo voy a poner por delante de mi misma. Y no puedo aceptar que me quieran a medias por mucho que lo intente, porque todo ese daño acumulado sigue en mi memoria y no me va a dejar. Que si, que yo solita lo que causado todo. Con más razón no debería provocar las mismas catástrofes varias veces.

La chica que amaba las rosas ahora las odia. Ella al principio no quería nada, pero ahora se dio cuenta de que por más que aún lo quiera, él no va a ser lo que ella necesita. Y aunque viva como un zombie tiene que salir adelante, cargando el peso de todo lo sacrificado en vano.

El último mensaje no enviado

Siempre tuviste razón en que estaba mejor sin ti, simplemente me negaba a aceptarlo. Pero no estoy dispuesta a soportar este dolor de nuevo, aunque sienta que me falta algo en mi vida. Después de todo, mi cuerpo y alma se regeneran constantemente, en unos años serás nada. Un recuerdo vacío con suerte. Felicidades, disfruta tu venganza. Te ha salido barata, total, lo único que perdiste fue a mi, en todo sentido.

Víctima de desastres artificiales

Corro por arena oscura a medianoche. Las olas deforman esa luna llena, llena de ilusiones y esperanzas que ahora no podrían ser más lejanas. Y enterrados en la orilla, cientos de diarios muertos de una niña que odiaba levantarse cada mañana.

Doy vueltas pero no hay salida de la pequeña isla que se convirtió en mi hogar luego del último terremoto. La tierra se partió y un mar tan extenso como los ríos de gotitas de sufrimiento que brotaban de mis ojos mágicos me alejó de todo.

Nunca hubo tanta paz, y nunca estuve tan sola. Si tan sólo fuera capaz de calmar la sed, pero no hay más que agua salada a mi alrededor. Para colmo por estos lares hay demonios que se cuelan en sueños entregando aquello que más anhelas para que cada despertar sea una tortura.

Poco a poco voy muriendo.

Y sin embargo no me permito alimentar el mar. Porque las estrellas nunca fueron tan brillantes, ni tan abundantes. Y el Sol desprende un calor más acogedor de lo usual. La lluvia es escasa pero no me permite desvanecerme. Y aunque deba enfrentarme cara a cara a un tsunami, mi más grande pesadilla, se de una sirena que no me va a dejar ahogar.

Estoy recostada en el límite del mundo pero tan lejos de la civilización no se me permite sentir temor. Al fin puedo ser lo que soy. Y escribir sobre el danzar de las cuatro dimensiones a mi alrededor.

Son los pequeños detalles apuntados al margen del libro los que finalmente darán vida a la historia. Puedo recurrir a mi masoquismo para transformarla en un drama, o a mi alma de niña para hacer una de aventuras. Lástima que en el fondo las palabras han perdido sentido para mi y este es otro diario que debo enterrar.

No hay nada aquí para mí. Y tampoco para ti.

Búscame en tus sombras

He hecho mi propio cielo con papel, a partir de una luna oscura y brillante. Y ahora trazo mares que se lleven las botellas sopladas con mi timidez, para guiar a las almas quebradas hacia mis brazos. Porque a veces estar perdido da temor, pero cuando tu laberinto es el paraíso, lo que corre por tus venas es la culpa. Si me encadeno con una estrella no es por moda, es porque sin importar lo lejana que parezca siempre estaré allí. Sólo un susurro, y mi voz será tuya para calmar las tormentas que acechan.

Y lo llamé Warg

No se puede dejar de querer con un puñado de amaneceres.

Y me atrevo a decir, que el amor no desaparece ni en un millón de años.

Por más que el corazón arda y el viento sople sus cenizas.

No podrás volver a encender un fuego, pero su aroma viajará a la deriva dentro de esta burbuja de cristal.

Y cuando menos lo esperes en tu camino se cruzará.

 

 

Mi rayo de sol en una tarde de invierno

Otra vez con insomnio.

Él se ha ido. Debería ir a buscarlo.

Hoy miraba el cielo, al atardecer, y me pareció que las nubes eran como costillas rodeándonos. ¿Y si todos somos pequeñas células formando un gran corazón? Crecemos, latimos y nos desgastamos. Y muchas veces no notamos que estamos vivos hasta que es demasiado tarde. En el amor puede ser lo mismo.

Alguien me dijo una vez que las locuras que suelto cuando tengo sueño son obras de arte. Supongo que depende lo que busques. Y ahora yo lo busco a él.

Debería ir yo, en lugar de esperar.

He golpeado a alguien. Fue esa sonrisa maldita, a la vez que lo insultaba. Mi mano sin consultarme fue directamente a encontrarse con su mejilla. No con tanta fuerza, pero tampoco tan despacio. Creo que nunca le había dado una bofetada a nadie. Y tampoco estuvo bien. Pero no tolero que alguien hable mal de él.

Y ahora le he dicho adiós, y se ha ido. Algo me dice que va a volver, pero debería ir yo a buscarlo. Tengo un nudo en la garganta, porque lo quiero.

Quiero su calor, sus manos junto a las mías, sus ojos oscuros mirándome muy fijo, su voz… esa preciosa voz, preciosa hasta para reír. Pero también quiero estar sola.

Y ahora lo estoy. Y siempre lo he estado. Posiblemente, siempre lo estaré. Por eso odio esas mentiras que construimos para convencernos de lo contrario. La necesidad de autoengañarnos es repugnante. ¿Y no es a eso a lo que juegan todos?

Mis juegos son más divertidos. Juego a ser yo misma, o a ser mil cosas imposibles al mismo tiempo. A descubrir miles de emociones y sensaciones que jamás había sentido. A divertirme como si fuera una niña pequeña. Todo es más fácil cuando no te importa lo que opine el mundo. De a poco el miedo pierde el sentido y cae en la inexistencia.

¿Y ahora qué? Toca jugar sola. En este sentido nadie piensa como yo. Ni siquiera él.

Creo que estoy demasiado viva, y él demasiado muerto. Y siempre he sentido esa atracción por las cosas rotas, porque yo me sentía así también, pero ahora se ha vuelto aburrido pues no es más que una vil mentira creada por mi cobardía. Porque es más fácil interpretar a la víctima que intenta ser fuerte, que ser fuerte de verdad y no fingir. Se arriesga mucho más pero es la única manera de ganar.

Mis ojos se empiezan a cerrar. Pero la noche es muy joven, y ni siquiera han salido los espectros a pasear. Ha aparecido uno de pronto, detrás de mi, que se alejó, pero se que está ahí, y es cuestión de tiempo que vuelva y todo sea como siempre fue. Es lo que llamo, verdadera amistad. No creo que pueda decir lo mismo de él.

Sé que si voy, él no me va a cerrar las puertas. Lo conozco lo suficiente como para saber que me está esperando. Pero por mucho que lo quiera, no lo necesito.

¿Entonces?

He vuelto a debatir. Les he cerrado la boca a varios hablando de un tema del que no tengo idea sólo por usar la lógica. Más puntos para mi autoestima y más rosas para el altar en honor a mi magnificencia. Hay tantas personas que se enfadan e intentan tirarme abajo… Cuidado con las inseguridades propias.

Y ahora lo extraño más que nunca. Y no puedo evitar decirlo así: te extraño. Por la forma en la que escribo correspondería un “lo echo de menos”, pero no suena auténtico. Porque si lo tuviera en frente, sería un “te extraño”. Y lo que me queda por extrañarte…

O quizás no. Él ha vuelto. Está ahí, aunque no parece el mismo. Me dice que he ganado. Y lo sabía, siempre gano. Desde aquel primer día en el que no podíamos dejar de mirarnos. ¿Se llevará el frío? No lo creo, está demasiado lejos. Pero esta vida nunca deja de sorprenderme. Es cuestión de seguir jugando.

Hasta que viva en una estrella y reine multiversos. A su lado.

Noches, palabras, canciones

De noches finitas, pero eternas. De palabras insignificantes, pero profundas. De canciones ordinarias, pero mágicas.

 

Una canción preciosa, sellada en una carta con un destinatario equivocado. Un hechizo y las estrellas lograron guiarla hacia su lugar. Fue vibrando entre cuerdas, deslizándose entre burbujas de momentos para caer en aquel que era perfecto. Porque de alguna manera, cada canción tiene su hogar, reina en un castillo de mármol en el que se proyecta una película que le da sentido a su existencia y la hace brillar.

Aquella noche, mi cabeza descansando sobre el cristal, mi sangre hirviendo por el calor del café telepático capaz de insensibilizarme al frío. Susurro las palabras mientras veo pasar a la gente, a esos extras que el universo creó por capricho, preguntándome que clase de historia podrían protagonizar. Quién sabe si alguna vez se convertirá alguno en un personaje secundario. Y me veo obligada a admitir para mis adentros que el anhelo de detener el tiempo es demasiado recurrente estos días.

Pero es más que eso. Son los relámpagos de una tormenta de verano, que ya no producen ningún temor. Son las olas del océano, que desdibujan el reflejo del sol pero te devuelven una melodía pacífica con aroma a sal, cómo si fueran un cementerio para las lágrimas del pasado. Son los cielos color carmesí, que dan a luz y matan a las estrellas que tanto amo, teloneros de la oscuridad profunda, cuales ángeles custodios de la ventana a lo inexplorado. Son las palabras de una poesía que no puedo dejar de cincelar en aquella estatua con mi rostro: las que le dan forma, las inexplicables e imposibles, las que el dolor erosiona, las que me regala el futuro con su bondad e ira.

Después de todo, puede que estemos hechos de átomos, sí. Pero algunos tenemos la suerte de que nos corra tinta en la sangre, y las letras se entrelacen entre nuestros dedos cuando nuestra musa llama a la puerta. Otros, poseen melodías resonando en cada espacio de su cuerpo, jugando como si de un pentagrama se tratase, hasta que se liberan para besar los oídos de otros huéspedes. Y si juntas dos de esas criaturas mitológicas, obtienes un fruto prohibido del Edén, una canción de alma híbrida, que te acaricia suavemente el cuello, erizando tu piel, te roba el oxígeno, y toma el control de tu corazón, secuestra tus pensamientos lamiendo tus párpados para que no sientas otra cosa que no sea su intento de poseerte. ¿Quién no querría pasar los días en una canción así?

 

Consumida por las tinieblas

He vuelto a caer. Ellas están ocupadas. Uno se ha ido para siempre, aunque tampoco estuvo nunca. A otro no le importo lo suficiente. Otro no me entenderá. Estoy sola. Más sola que nunca. No sé si podré levantarme. ¿Y si tan solo me desvanezco como cenizas en el viento? Si mi existencia es efímera, ¿qué importa el tiempo? ¿No es mejor volar que quedarme acurrucada en el piso sin poder moverme? Cada vez es peor.

Escucho a los ángeles cantar. Quizás ya me vienen a buscar. Quizás sea hora de decir adiós.